I.3. Afectividad

La vida afectiva es el conjunto de estados y tendencias que el individuo vive de forma propia e inmediata (subjetividad, que influyen en toda su personalidad y conducta (trascendencia), especialmente en su expresión (comunicatividad), y que por lo general se distribuyen en términos duales, como placer-dolor, alegria-tristeza, agradable-desagradable, atraccón-rechazo, etc. (polaridad).

Uno de los problemas al abordar este tema es la poca precisión con que se usan los términos. Para obviarlo, hemos escogido algunos modelos descriptivos cuyas diferencias reflejan la dificultad a la que nos referimos. 

1. Definiciones  

Podríamos decir que los afectos son movimientos de energía psíquica directamente vivenciados por el yo, con una muy especial intervención en la dinámica de regulación de la mente y en interacción constante con otras áreas del vivenciar. Tienen como característica el sello de lo agradable-desagradable y de la ordenación bipolar de los contrarios (amor-odio, miedo-confianza, etc.). Son diferenciables en general, en estados de ánimo o humor básico, sentimientos y emociones. 

1.1. Afecto y ánimo  

Afecto y ánimo no son sinónimos, y aunque ambos son considerados como sentimientos que se expresan de una u otra forma, afecto indica mayor independencia e intensidad del sentimiento, en tanto que ánimo implicaría un estado más sostenido y menos flexible. 

Afectividad 

La consideramos como un subsistema que tiene su ejercicio inicial a partir del estrato instintivo-tendencial. La satisfacción o insatisfacción de las necesidades e impulsos instintivo-tendenciales genera estados afectivos placenteros o displacenteros, interrelación que se mantendrá bajo formas e intensidades diferentes, como constante vital predominante.  

Humor básico o ánimo 

Es la forma más estable de la afectividad, y la más ligada a los estratos constitucionales y temperamentales. El humor básico o ánimo ofrece la colaboración afectiva más perdurable y, por lo tanto, la más característica de la personalidad a lo largo de toda su existencia. 

1.2. Sentimiento y emoción  

Los sentimientos y emociones tienen un significado muy similar, pero el segundo implica un mayor componente fisiológico. Ambos serían los pilares fundamentales que constituyen la afectividad, la cual se traducirá finalmente en un estado de ánimo. 

Emoción 

Se llama emoción a un movimiento afectivo complejo, que ocurre fundamentalmente como reacción inmediata a la acción de un estímulo eficiente, el cual puede provenir sea del mundo circundante o del mundo interior del sujeto. Las emociones son complejos afectivos momentáneos, fugaces, de gran intensidad y de exteriorización inmediata y evidente, tanto porque tienen componentes autonómicos intensos, como porque tienden, por su naturaleza misma, a comunicarse a través del lenguaje o del comportamiento motriz. 

Sentimientos 

Por sus características cualitativas y cuantitativas, ocupan un lugar intermedio entre el humor básico y la emoción. Son más estables, no requieren la presencia inmediata del estímulo, como ocurre en la emoción, y sus componentes autonómicos son mínimos. Tal vez por este lugar intermedio que ocupan en los movimientos afectivos, tanto el análisis como la ordenación psicopatológica de la afectividad le da gran importancia a los sentimientos. 

Sentimiento vital 

Es un estado afectivo que expresa la resultante psíquica final de la interacción entre la afectividad y el funcionamiento órgano-vegetativo. Tiene su origen en los sentimientos de placer o displacer, procedentes del libre funcionamiento frente a los obstáculos o de las dificultades con que se llevan a cabo los procesos biológicos. Ellos son vivenciadas por la conciencia de una manera vaga e indefinida. Así se generan vivencias agradables de salud y desagradables de enfermedad. 

Max Scheler (1921)

Para entender el capítulo de la afectividad, es necesario tener presente el hallazgo más importante de la compleja teoría de los valores y de las emociones de Scheler . Su tesis plantea que no todos los sentimientos tienen la misma cualidad ni pertenecen al mismo nivel de la vida afectiva, sino que se distribuyen según su profundidad por capas o estratos que van de lo más sensible a lo más espiritual con sus correspondientes valores.

Para Scheler los valores son objetivos y universales, y son los fundamentos del aprecio o de la desaprobación que producen en nosotros. Están ordenados jerárquicamente: desde lo agradable-desagradable, lo noble-vulgar, y los valores espirituales (bello-feo, justo-injusto, verdadero-falso), hasta lo sagrado-profano. Al cuantificar los valores morales porque, según él, «lo  bueno» y «lo  malo» no poseen una materia específica, como los demás valores, sino que  consisten en  la realización de todos los demás según su jerarquía axiológica.  A todo valor acompaña un  contravalor (polaridad de los valores) y su objetividad no depende de las preferencias del individuo. La independencia de los valores frente a sus respectivos depositarios es uno de los supuestos de la axiología sheleriana. Para este pensador los valores son independientes de los bienes y de los fines. 

Max Scheler (1921) llega a la conclusión de que hay cuatro especies distintas de sentimientos: los sentimientos sensoriales, los sentimientos vitales, los sentimientos anímicos o psíquicos, y los sentimientos espirituales o de la personalidad.

Sentimientos sensoriales

Son una conjunción de sensaciones a las que se agrega la vivencia de agrado o desagrado.

Los caracteriza el hecho de estar localizados en determinados puntos del organismo, como por ejemplo el dolor.

No tienen intencionalidad, son actuales, es decir, no hay ningún recuerdo sentimental auténtico de ellos: el recuerdo de dolor no es lo mismo que sentir dolor.

Son puntiformes, es decir, sin continuidad de sentido; son los menos afectados por la voluntad, están ligados a la sensación, pero le agregan una cualidad a tono independiente de ella.

Son estáticos.

Sentimientos vitales

Se diferencian de los sensoriales por su carácter difuso, se extienden por todo el cuerpo y no en una determinada región; por ejemplo las sensaciones de comodidad, incomodidad o relajación.

A diferencia de los sentimientos psíquicos, se sienten muy ligados al cuerpo: yo no soy cómodo o incómodo, sino que me siento cómodo o incómodo con todo mi cuerpo, hasta la última célula. En ese «me», se halla expresada la corporalidad de los sentimientos vitales, que los distingue de los anímicos.

Poseen la nota de relación, y además cierto carácter intencional. Son manifestaciones de la propia experiencia de la continuidad personal a través del cuerpo; son sentimientos llenos de futuración que nos ponen a distancia en contacto con los acontecimientos temporales y espaciales, es decir —en una apretada síntesis— los sentimientos vitales son difusos y están ligados al cuerpo, son dinámicos, recordables, duraderos, tiene cierta intencionalidad.

Sentimientos psíquicos

Son sentimientos dirigidos y globales.

Según Lersch, se trata de sentimientos reactivos frente al mundo exterior. Nos ponemos alegres o tristes por determinadas noticias, y por consiguiente es el comienzo de la participación del Yo activo, cosa que no ocurría en los dos otros sentimientos.

Este tipo de sentimiento no se liga a la percepción misma, sino de un modo muy específico al significado que tiene lo percibido.

Los sentimientos psíquicos no son una función del Yo, sino una modalidad del Yo. Una tristeza motivada, por profunda que sea, nunca tiene la difusión corporal y casi plasmática de un malestar vital. Su carácter intencional determina que cuando responden a algún acontecimiento externo, lo hagan valorándolo y citándolo en la trama de las perspectivas personales.

En resumen, podríamos decir que son sentimientos dirigidos, intencionados; son una modalidad del Yo activo, dan el significado de lo percibido y corresponden a una valoración supravital. Ejemplo: tristeza o alegría por una causa.

Sentimientos espirituales

Surgen del mismo punto de donde emanan los actos espirituales.

Ya no son estados del Yo; en la serenidad del ánimo, por ejemplo, aparece borrado todo lo que es modo de estar.

Esos sentimientos son tan absolutos, que no pueden apoyarse en determinados valores: no podemos estar desesperados por algo o ser felices por algo, en el mismo sentido en el que podemos estar alegres o tristes, ser afortunados o desafortunados por algo. Con toda razón puede decirse que cuando puede indicarse y está dado el algo en que o por lo que estamos o somos felices y desesperados, no somos aún felices ni estamos desesperados. Mientras podamos identificar el motivo o la causa, aún no hemos llegado a esa plenitud vivencial que denominamos «felicidad» o «desesperación».

Cuando estos sentimientos se gestan realmente, se funden con el ser mismo, son ya modos de ser en lugar de modos de estar. Ejemplos de sentimientos espirituales son los artísticos, metafísicos o religiosos.